La música Originaria Andina posee, al igual que la danza, un importante rol dentro de las fiestas que se realizan durante todo el año. Este rol esta íntimamente
ligado a los ritos, donde ambos, forman parte vital de los ciclos climatológicos y de producción agrícola y pastoril y sus estadios análogos en el ciclo vital humano.
Es así que existen alternaciones estaciónales de géneros musicales, danzas e instrumentos, que se asocian a los tiempos y contextos en los que se ejecutan;
en términos agrícolas y musicales, el año se divide principalmente entre el tiempo o época de lluvias (jallupacha) y crecimiento; y el tiempo o época seca(awtipacha)
y frío.
Se afirma que los instrumentos como el pinkillu, la tarka, y la kitära (este ultimo interpretada en el Norte Potosí) que se ejecutan en la época de lluvias - y que inician su interpretación en la fiesta de Todos Santos, terminando en Carnavales- llamando a las nubes y a la lluvia desde los valles, y ayudando a crecer a los cultivos.
Mientras que la qina, los sikus , y el charango (este ultimo también del Norte Potosí) soplan a las nubes, provocando cielos despejados y heladas necesarias para congelar las
papas y hacer el ch'uñu.
Entonces nos podemos preguntar: ¿como es que la música andina posee este "poder"?, ¿que hace que lo agrícola y climatológico se relacione a los instrumentos?, ¿será que los instrumentos musicales tienen de forma innata esta virtud?.
Una de las características que poseen los instrumentos andinos, y que las diferencia
de los de occidente, es que todos los instrumentos tienen su "ajayu" (espíritu) que no
es innato al material, sino que les es proporcionado por el ritual del encuentro con el "sirinu".
Stobart nos dice que este es un espíritu demoníaco que habita en quebradas, cascadas,
manantiales o rocas; Arnold al respecto afirma que es un "saxra", también demoníaco;
y finalmente C. Mamani le identifica como un "warmi anchancho". Lo cierto es que el
sirinu empieza a salir de la tierra en el jallupacha (tiempo de lluvia), a partir de
la fiesta de San Sebastián (el patrón del sirinu) en enero se empiezan a recoger las
nuevas tonadas (wayñus) que se interpretaran en las fiestas. De manera indistinta esta
tarea es encomendada, de acuerdo a la región y previa consulta a la coca, tanto al
hombre, como intérprete; o la mujer, para quien entre los qaqachaqueños, el sirinu "es el motivador del canto". Este encuentro es principalmente un intercambio de los
dones del sirinu, por ofrendas y ch’allas de parte de los músicos. Estas nuevas tonadas
se interpretaran a partir de estas fechas, hasta finalizar el Anata (carnaval), para
luego guardar los instrumentos durante la época del awtipacha; y cuando nuevamente se
inicie la época de lluvias se volverán a sacar los pinkillos, pero interpretando
temporalmente las tonadas del año anterior, esto hasta volver a recoger los nuevos
wayños los wayñus misk'i (dulces).
El denominativo "demoníaco" que le dan al sirinu, tiene su origen en la iglesia y su afán de satanizar a todo lo desconocido y todo lo que habita debajo de la tierra. Mientras que para el andino el subsuelo, no es el infierno; sino el Manqhapacha,
el espacio de abajo, el vientre de la Pachamama de donde nacemos y el lugar a donde
nos dirigimos una ves que abandonemos este mundo, todo nace de ella y como hemos visto
hasta la esencia misma de la música tiene su origen allí.
Articulo publicado en El Diario, el 5 de marzo del 2003, La Paz-Bolivia.
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